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Sobre el agradecimiento por Nehomar Lugo

A doce horas de ser agradecido

Un joven que estudia en una de las mejores universidades del país termina su día, sale de clases, enciende su deportivo y maneja diez minutos hasta llegar a su apartamento, apartamento que luce muy bien, pues alguien ha sido empleado por sus padres para que todo esté en orden. Ese fue el trato, por lo que el joven solo tiene que estudiar lo que le apasiona. Al día siguiente los universitarios tienen tres días libres adicionales al fin de semana. El joven estudiante piensa que tal vez pueda visitar a sus padres, él no los ha visto en meses porque vive a doce horas en auto de ellos.

Sin pensarlo más decide realizar un viaje sorpresa para ver a sus seres queridos. En el camino usa su tarjeta de crédito para comer y para comprar un souvenir y aunque nunca visita el banco su tarjeta nunca falla; a este joven no le falta nada. Él continúa su viaje hasta llegar a su casa, toca la puerta y nadie responde, mira su reloj que marca las 7:30 p.m. y recuerda que sus padres deben estar en el viejo y pequeño restaurante que desde hace años mantienen. El joven estudiante decide no esperarlos en casa y darles la sorpresa en el restaurante, así que viaja casi una hora para llegar al sitio. Al entrar usa una gorra y chaqueta negra y se mezcla entre los comensales, se sienta a esperar que su madre lo reconozca. Mientras espera, mira como ella entra y sale de la cocina con platos de comida, su padre está bastante atareado con la caja registradora, el teléfono y los pedidos.

Aquel hijo se sorprende de la escena, pues había olvidado cuánto trabajaban sus padres en ese pequeño restaurante. Por curiosidad decide ver un poco más de lo que sus progenitores hacen cada noche mientras él descansa en su acomodado apartamento. El joven estudiante sale de incógnito del restaurante, va al estacionamiento y dentro de su deportivo espera a que ellos salgan por la noche. El afortunado universitario nota que su padre cojea al caminar por el estacionamiento y observa a su madre que se soba la cabeza mientras intenta repetidas veces encender aquel viejo automóvil que les lleva cada noche de regreso a su casa.

Sin que sus padres se percaten de su presencia, el conmovido hijo los sigue por casi una hora de regreso mientras recuerda y razona en los escasos diez minutos que le toma regresar de la universidad a su apartamento. Con los ojos llenos de lágrimas medita sobre cuánto han trabajado sus dedicados padres para darle una buena educación y una buena calidad de vida. El joven no soporta más seguir de incógnito, por lo que mientras sus padres se bajan del auto para entrar a la casa, corre y les da un abrazo, además de pedirles perdón por no ser muy agradecido y por olvidar de donde venían sus comodidades. Este joven vivía a doce horas de sus padres y a esa distancia no podía ver lo que ellos hacían por él.

 

Creo por fe que Dios hace mucho por muchos, pero hay quienes viven tan lejos de Él que no pueden ver sus maravillas, por lo que no consideran ser agradecidos y dan por natural y normal lo que viene de lo extraordinario y de lo sobrenatural.

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